sábado, agosto 24, 2019

MERCEDES FERNÁNDEZ/ Para muchas personas o más bien para la mayoría de la población, llevar una vida sana es todo un reto. En España, casi un 40 por ciento de la población tiene sobrepeso y el 21,6% tiene obesidad.

Es mucho más cómodo y más fácil comer “lo primero que pille” o comida precocinada que tan sólo hay que calentarla pero suele ser menos sano porque llega un día en el que el cuerpo dice ¡basta! Ya sea en forma de kilos de más, ya sea porque nos hemos hecho una analítica cuyos resultados no han sido los mejores y en los que, además, queda reflejado que nuestra edad interior es mucho mayor de la que tenemos realmente.

Ahí ya empezamos a ponernos nerviosxs y a lamentar lo poco que nos hemos cuidado hasta entonces. Ahora sí que nos lo tomamos en serio. Pero, ¿por qué ahora de repente empiezo a tener fuerza de voluntad? ¿Por qué las excusas de antes ya no son tan excusas ahora?

Pues porque lo que antes nos hizo llevar una vida poco saludable fue la pereza que se había apoderado de nuestra mente. La escuchamos y le hicimos caso para dejarnos convencer que cualquier excusa era buena para no hacer ejercicio. Le hicimos caso y nos dejamos convencer para comernos eso tan apetecible y a la vez tan perjudicial para la salud.




La psicóloga deportiva y escritora de libros como el que lleva por título Si salieras a vivir, Patricia Ramírez, cuenta precisamente en este libro cuáles son las tres excusas por antonomasia que la mayoría de sus pacientes les cuenta en las consultas que les impide conseguir hacer ejercicio:

  1. No tengo tiempo. La psicóloga asegura que pensar así es un grave error ya que las horas del día son las mismas para todo el mundo. Y entonces, ¿cómo se explica que unas personas consigan sacar tiempo y otras no? Pues por una cuestión de organización, más que de falta de tiempo. Si no planificamos bien nuestros días y nuestras tareas, nos costará más encajar el deporte en nuestra agenda.
  2. No tengo fuerza de voluntad. En este punto, Ramírez asegura que todo el mundo tiene fuerza de voluntad pero, en algunos aspectos, está menos entrenada. Por lo que hay que ponerla a prueba a medida que se vaya practicando el ejercicio pero, para ello, hay que empezar a activarse.
  3. No encuentro el deporte que me enganche. “No existe siempre un amor a primera vista con el deporte sobre todo en aquello que requiere de constancia y continuidad”, asegura la psicóloga. Depende mucho de los gustos, de la forma de ser de la persona. Hay que probar para encontrar el que mejor encaja con la persona y no desistir en el intento.

Así, que ahora que estamos con los propósitos del nuevo año todavía en funcionamiento, os animamos a seguir con hábitos de vida saludables que no tiene más historia que una buena alimentación -a ser posible que la dirija un profesional-, vida activa -con actividades adecuadas a las capacidades de cada individuo- y descanso y calidad del sueño.

 

Imagen extraída de pixabay.com
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