domingo, diciembre 9, 2018

MERCEDES FERNÁNDEZ/ En la mayoría de las ocasiones, ir de compras produce una sensación muy placentera. Esta satisfacción es real porque esta actividad crea un efecto positivo en el estado de ánimo. 

Investigadores de la Universidad de Brunel (Reino Unido) lo explican de la siguiente manera: “Cuando compras algo que te gusta, generas endorfinas y se activa la estructura cerebral, que se encarga de controlar el placer y la sensación de bienestar. Por eso, el optimismo se viene arriba”.

No obstante, con esto hay que tener especial cuidado ya que no quiere decir que comprar masivamente nos venga bien para el estado de ánimo y, mucho menos, para la economía-. Comprar (sea lo que sea) es una actividad que está muy vinculada con el estado anímico y mental en el que se encuentra una persona en ese momento.




Por lo que hay que tener prudencia para no gastar de más. No porque sean cosas caras, sino porque, en la mayoría de las ocasiones, no las necesitamos. Sólo un 16% de la población toma una decisión de compra desde la razón frente al 84% restante que se deja llevar por las emociones.

Ahí está el juego del marketing y la llamada economía conductual la cual demuestra que “nuestras decisiones en materia de consumo son bastante menos ordenadas, controlables, lógicas y predecibles de lo que nos gusta creer. Lo que sí es previsible es el carácter emocional de muchas de nuestras conductas y de nuestra irracionalidad.

¿Qué pasa -por ejemplo- cuando nos encontramos o nos dicen que cojamos un producto porque es gratis? Esta palabra es mágica en publicidad. De hecho, las estadísticas dicen que en la mayoría de las ocasiones volvemos a adquirir ese mismo producto, como mínimo una segunda vez (ya pagando), aunque no lo necesitemos o sea de peor calidad que otro producto que hubiésemos elegido en otras circunstancias. O lo que es lo mismo, es “el coste del coste cero”.




Todo lo que sean ofertas, promociones, pruebas, muestras gratis… son sistemas que nos inducen al consumismo de productos que no necesitamos o que no los necesitamos en ese instante.

Otro ejemplo son los productos baratos. En Internet, hay multitud de páginas que venden, prácticamente, los mismos productos que en otras tiendas (online y físicas) pero mucho más baratos. Un click y a la cesta virtual porque, incluso pagando los gastos de envío, cuesta menos dinero que si los compremos en la tienda. 

Este verano aumentaron un 38% las compras en Internet. Según el ‘Informe Mobile 2018’ elaborado por Privaliaoutlet online líder en España-, se pasó de una media del 65% de usuarios al 90%.

Cuando se trata de comprar, hay que usar más a menudo la razón ya que la compra muchas veces se basa en la forma en la que han vendido el producto o cómo nos calado por medio de los sentidos, más que en la satisfacción de nuestras necesidades.

 

 

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