lunes, julio 22, 2019

MERCEDES FERNÁNDEZ/ El sabor es lo que hace que las personas se decanten por unos alimentos más que por otros.

Hace poco más de un año que la doctora Dolores Corella -que también es investigadora del Centro de Investigación Biomédica en Red Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición (CIBEROBN) del Instituto de Salud Carlos III y catedrática de Medicina Preventiva de la Universidad de Valencia- ponía esta teoría sobre la mesa de la investigación científica.

Decía que había que conocer los genes que determinan el sabor y diseñar dietas más sabrosas y personalizadas, a la vez que saludables porque ayudaría a prevenir la obesidad. Lo que suponía un reto para profesionales de la investigación y de la nutrición. “Debemos seguir investigando el sabor porque nos va a dar las claves de muchas cosas”, aseguraba la doctora.

Pues ahora se ha publicado un estudio que, por el momento, ha revelado que las personas obesas perciben menos el sabor de los alimentos.

Aquí suceden varias cosas. Por lado, según un estudio elaborado con ratones, se ha revelado que la inflamación que se produce a consecuencia de la obesidad, es capaz de destruir las papilas gustativas.

Aún no hay nada confirmado en esta primera teoría. Y aunque tiene bastante sentido, se siguen haciendo investigaciones.

Por otra parte, al tener menos percepción de los sabores, las personas obesas tienen que comer más alimentos para conseguir que llegue al cerebro la información suficiente como para indicarle que debe parar de comer.

Estos hábitos son la antesala de la obesidad porque la persona necesita comer más para sentirse satisfecha. Y la obesidad desencadena otros problemas de salud y mucho más graves como son los cardiovasculares.

Primera vez que se identifica un gen como receptor del sabor

El estudio reciente en el que han participado 381 personas (mujeres y hombres) ha manifestado algo novedoso, la aparición del gen LRRC2 el cual está relacionado con el receptor del sabor.

Esto es algo muy positivo como medida para combatir la obesidad. “Podría suponer una vía para intentar luchar contra la obesidad mediante dietas que busquen también el sabor de los alimentos para que así la persona obesa sea capaz de apreciar más los sabores y se activen los mecanismos cerebrales relacionados con la saciedad y evitar que siga comiendo”, asegura la doctora Corella.

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