martes, octubre 23, 2018

MERCEDES FERNÁNDEZ/ Hay muchos tipos de hambre y uno de ellos es el hambre mental. Puede que en alguna ocasión o, más bien en determinadas etapas de la vida, alguien se haya encontrado con que, por ejemplo, “necesita comer dulces”.

Tampoco esto pasa siempre, sino que a determinadas horas del día puede apetecer comer ciertos tipos de “alimentos”. Según los nutricionistas y los psicólogos, esto no es un hambre real porque cuando una persona está saciada y bien nutrida, no necesita nada más.

 



 

Cuando un individuo tiene hambre pero sólo quiere ingerir determinados tipos de alimentos, suele tratarse de lo que se conoce como hambre mental o hambre emocional. Y como su propio nombre indica, suele tener una relación con las emociones que siente en ese momento.

Es un tipo de hambre debido a una escasez de algo pero que, por mucho que la persona se empeñe, no va a completar con comida. Todo lo contrario porque cuando la persona se da ese atracón tan inmenso de lo primero que encuentra en la despensa, se siente llena y entonces aparece el sentimiento de culpa.

Cuando una persona tiene hambre real, pasa todo lo contrario: le apetece todo tipo de alimentos y no determinadas cosas; además, se sienta a comer tranquilamente, masticando los alimentos despacio y es capaz de parar cuando se siente demasiado llena. Cuando se come con hambre real, no hay sentimiento de culpa.

El hambre mental es un hambre selectiva, ligada a una emoción y a la sensación de bienestar de la persona. Comemos cuando nos sentimos solos. Comemos cuando se acaba una relación. Comemos cuando nos sentimos tristes. Son momentos que no dejan a la persona estar plenamente satisfecha, llevándola a ingerir alimentos para suplir una necesidad que tiene que ver más con las emociones que con el hambre en sí.

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