miércoles, octubre 23, 2019

MERCEDES FERNÁNDEZ/ Controlar lo propio y lo ajeno está bien en su justa medida porque si la necesidad por controlar y dominar se convierte en una obsesión, lo próximo será enfermar.

Hay personas a las que les gusta tener todo controlado porque esto les da seguridad y dejan poco o ningún espacio a la improvisación y a la espontaneidad.

Tener la vida bajo control está bien. Es cierto que da seguridad y tranquilidad saber que llevan las riendas de sus vidas. El problema está cuando la necesidad de control traspasa la delgada línea que comienza en obsesión.

Cuando se llega a este punto, no sólo se pretende controlar la propia vida, sino también la ajena. Y eso es prácticamente imposible. Podría hacerse temporalmente pero el cuerpo no tardará en hablar en forma de enfermedad, obligando a la persona a parar y moderar su obsesión por querer tenerlo todo dominado.

 




 

La necesidad de control no es más que el miedo a no tenerlo. Por eso, debajo de la aparente fortaleza que muestra una persona que parece tenerlo todo bajo control se esconde una gran debilidad y vulnerabilidad. Muestran esta apariencia porque son personas que no quieren depender de los demás, generalmente, por un acontecimiento del pasado que les obligó a sentirse indefensxs.

Por lo que la sensación de no tener su vida controlada, les lleva a experimentar ansiedad, miedo al abandono, al fracaso, perfeccionismo, miedo a experimentar emociones negativas o dolorosas. Lo que buscan, básicamente, es autoprotegerse.

La inestabilidad emocional y la falta de opciones o de autonomía puede llevar a una persona a buscar el control sobre otros aspectos de su vida. Esto, generalmente, suele darse más en el género femenino que en el masculino. Los cambios hormonales que experimentan las féminas a lo largo de sus vidas (menstruación, embarazos…) juegan en contra del equilibrio emocional. Por ello, las hace más susceptibles a la gestión de las emociones.

 




 

La obsesión por controlar y por tenerlo todo atado puede solucionarse aprendiendo a perder el miedo al fracaso y aceptar que todo no está en nuestras manos y que hay cosas en las que no podemos influir. Hay que aceptar que todo no se puede controlar.

La persona debe analizar en qué momento aparece el miedo, aprender de los errores, ser más flexible y delegar o pedir ayuda siempre que sea necesario.

Muchas veces, no saber gestionar las propias emociones y controlarlas, lleva a una persona emocionalmente inestable o con problemas emocionales a autolesionarse. Aunque parezca frívolo, lo único que pueden controlar en ese momento, es el dolor que está sintiendo. Por eso, se “sienten bien” haciéndose daño.

Obviamente esto no es una solución. Hay que ir venciendo poco a poco la baja autoestima porque a fin de cuentas el exceso de control a los demás no es más que la falta de seguridad, de autoestima y de control de sí mismo que, si se trabaja adecuadamente con la ayuda de profesionales, son aspectos de la vida que se pueden mejorar y sobre todo, controlar.

 

Imagen: https://pixabay.com/es/mujer-burnout-multitarea-la-cara-1733891/
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