miércoles, octubre 23, 2019

MERCEDES FERNÁNDEZ/ Los aires de superioridad son rasgos típicos de personas inseguras, según la psicología. Resulta paradógico pero si atendemos bien, no es tan raro. Las personas que van de superiores, las que, por ejemplo, hacen bullying -ya sea en la escuela como en otros lugares- son personas que necesitan hacer daño para infundir miedo y hacerse respetar.

Esos aires se tienen que alimentar de personas que les “siguen”, les adoran, alardean y ovacionan eso que están haciendo. En el fondo, necesitan a esas personas para alimentar su autoengaño; si no, se frustran. De hecho, son personas frustadas, con sentimientos de inferioridad y con desprecios hacia ellas mismas.

Por eso, esa actitud no dura para siempre. De hecho, los aires de superioridad hacen que la persona haga daño a los demás pero eso no les hace sentirse mejor porque, por dentro, sigue sintiendo ese vacío que cree haber llenado intentando hacer sentir mal a otras personas.

Tienen una terrible inseguridad cuya autoestima viene mermada desde edades muy tempranas. Los grandes responsables son casi siempre el entorno más cercano: amistades, familia o el colegio.

Así se disfrazan los débiles. Se muestran como personas seguras cuando es justo lo contrario y es que, aunque sean términos antónimos, tienen el el mismo significado: el desprecio hacia sí mismos.

Es un mecanismo de defensa en el que tiene mucho peso el autoengaño, lo que dificulta una visión clara sobre sí mismos, tienen también dificultades para ver sus debilidades y defectos. Un día su autoestima tuvo que construirse un muro para protegerse.




Hay que tener cuidado con la terminología a la hora de intentar entender los conceptos. No se puede confundir confianza en sí mismo con superioridad. El hecho de que a lo largo de la vida se haya desarrollado una habilidad que haga que la persona se sienta con pican a en sí misma no quiere decir que sea superior a los demás.

El problema esta en cuando la persona, aun sabiendo en lo más profundo de sí misma que se siente inferior, actúa con prepotencia para dar a entender lo contrario.

El complejo de inferioridad y el de superioridad van juntos. Una vez que desaparezca uno, desaparecerá el otro. Una persona que tiene complejos de superioridad, si no reconoce que en el fondo siente inferioridad, no podrá pedir ayuda nunca, ni a profesionales, ni a la gente más cercana porque piensa que no tiene fallos, nada que corregir y que está por encima de todo ellos.

 

 

 

Imagen: El Gráfico.

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