domingo, noviembre 18, 2018

MERCEDES FERNÁNDEZ/ Coincidimos con alguien en algún lugar. Empezamos una conversación cualquiera, hablando del tiempo, por ejemplo. Y de repente, sin saber cómo, hemos contado nuestra vida entera a una persona desconocida y, a veces, con tantos detalles que ni siquiera conocen la gente de nuestro círculo más cercano.

Es algo normal. No os preocupéis. Ronald E. Riggio -Profesor Henry R. Kravis de Liderazgo y Psicología Organizacional y ex Director del Instituto de Liderazgo Kravis en el Claremont- asegura que esto pasa por tres razones psicológicas.

La primera tiene que ver con la situación y contexto en el que nos encontramos. Muchas veces el hecho de compartir un espacio tan reducido -como puede ser un ascensor- hace que empecemos una conversación tan sólo por evitar un silencio incómodo.

“Cuando estamos hacinados con un extraño, como cuando vamos sentados juntos y bastante pegados durante un vuelo largo, se dispara una falsa sensación de intimidad: esto hace que bajemos la guardia y nos encontremos revelando información personal que, de otro modo, sólo le diríamos a amigos íntimos o parientes”, comenta el profesor Riggio.




Hay ocasiones en las que revelamos información personal como respuesta, o más bien como compensación, a alguien que ha hecho algo por nosotros. Este es otro momento, según Riggio, en el que revelamos información confidencial. Es parecido, en cierta manera, a una justificación para devolverle ese favor que nos hizo.

En tercer lugar, y puede que sea uno de los motivos más importantes por lo que profundizamos tanto con personas desconocidas, es por querer caer bien. Cuando dos personas se conocen y, aparentemente, se parecen bastantes, se puede caer en el error de pensar que son “almas gemelas”.

Suele pasar que una de las dos partes confunde esta apreciación con la de sentirse cómoda mientras que se tiene una conversación, ¿por qué no?, agradable. El problema está cuando pasa el tiempo y se comprueba que esa persona no se corresponde con la primera impresión que tuvimos. Por lo que, cuando se empieza a notar que no son tan parecidas como se creía en un principio, es demasiado tarde para volver atrás porque ya sabe demasiadas cosas sobre nosotros.




Paralelamente a estas situaciones -generalmente confusas- en las que se puede encontrar una persona, tiene mucho que ver también la forma de ser de dicha persona. Si es más o menos extrovertida, más o menos ansiosa o más o menos insegura ya que cuando se ve envuelta en esta tesitura, va a tener más probabilidades de traspasar la línea de la intimidad personal.

Un consejo de Ronald E. Riggio para evitar hablar más de la cuenta es “limitarte a escuchar y a asentir con la cabeza” como medida preventiva para evitar el contagio de esa falsa sensación de intimidad con la persona que te está contando su vida e, incluso, “si te incomoda” -prosigue el profesor- “interrumpe la conversación”.

 

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