miércoles, octubre 21, 2020

MERCEDES FERNÁNDEZ/ La razón por la que los niños -y más aún en la infancia– deben hacer vida en el exterior no es por querer desafiar las normas del confinamiento. Es una cuestión biológica. El sistema nervioso tiene la función de hacer que el cuerpo se mueva. El cerebro dedica muchas neuronas para moverse. Una gran superficie de los hemisferios cerebrales se halla dedicada al control motor.

Muchas funciones del sistema nervioso tienen como fundamento de aprendizaje el juego en todas sus variantes. A ciertas edades, los niños no son conscientes del paso del tiempo, no saben diferenciar el pasado del futuro. Ellos viven el momento porque su principal actividad es jugar y el juego facilita que aprenda a moverse con habilidad y, por tanto, a no herirse.

Tampoco se trata ahora de exponer a los niños a un riesgo máximo para que sepan dónde está el peligro. Ellos son perfectamente capaces de identificar el tipo de riesgo al que se pueden enfrentar. Lo que pasa es que el punto de vista de un niño es diferente al de un adulto; así que la mejor forma de que superen los retos es que ellos mismos los elijan. Y el juego es la vía más idónea para dirigir estas conductas. Los niños son curiosos por naturaleza porque su cerebro necesita novedad e investigación.




La importancia del ritmo circadiano

El ritmo circadiano son cambios físicos, mentales y conductuales que siguen un ciclo diario. Se encuentran en la mayoría de seres vivos -animales y plantas incluidas- pero en los mamíferos se manifiestan en sueño-vigilia. Viene determinado genéticamente por un reloj biológico interno que sigue un ciclo diario. Responden a la luz y oscuridad en el ambiente de un organismo, por ejemplo, dormir por la noche y estar despierto durante el día.

Los tiempos han cambiado con respecto a la forma de diversión en la infancia. Los cambios producidos en los últimos años en el uso de tiempo libre de forma inadecuada, con un consumo excesivo de televisión, teléfono móvil y videojuegos son los responsables directos de que se produzcan un desajuste en la vida de los menores, repercutiendo de manera notable en su salud física y mental.

Los análisis de estudios realizados recientemente revelan que, al mismo tiempo que se coarta la libertad en el juego, aumenta entre 5 y 8 veces más los niveles de ansiedad y depresión en los jóvenes. De hecho, uno de los alicientes que fomentan la depresión es la carencia de vitamina D, la cual, se percibe directamente del sol. Así que mientras menos exposición solar tengan los menores, más probabilidades tendrán de padecer esta enfermedad en el futuro.

Esperamos que estos consejos de vida saludable te hayan resultado útiles. Para seguir leyendo artículos de interés visita nuestra revista de salud y bienestar.

 

NOTA: Queremos dejar claro que esta información es perfectamente compatible con seguir las normas de desconfinamiento y desescalada que se están estableciendo periódicamente. Por lo que no exime a la ciudadanía de cumplir con las pautas establecidas de distanciamiento social y tiempo de permanencia en los lugares habilitados para ello.

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