lunes, diciembre 17, 2018

MERCEDES FERNÁNDEZ/ Cuando una mujer se queda embarazada, una de las cosas que más le preocupa, en un principio, son los cambios que se ven a simple vista – generalmente, tienen que ver con el físico-: el crecimiento de la barriga, la hinchazón en general, estrías, algunas manchas en la cara…

Lo cierto es que la mente también sufre las secuelas de la maternidad. Las hormonas (estrógenos y progesterona) bajan su nivel considerablemente provocando unos altibajos emocionales casi difíciles de controlar. Esto unido a los cambios físicos sumergen a la madre en una profunda tristeza, llegando a desencadenar en muchas mujeres en la conocida “depresión postparto”.

En definitiva, la madre cuando se da cuenta ya está inmersa en una serie de situaciones que pueden llevarle a que tengan una visión distorsionada de la realidad de la maternidad. Muchas de ellas creen que son incapaces de hacerse cargo del bebé.

Los cambios físicos y emocionales van de la mano, por lo que, en muchos casos, lo mejor es recibir tratamiento postparto mediante ayuda y orientación profesional para tener mejores resultados.

 

“Es difícil que una madre olvide la mirada inocente de su bebé postrada en sus propios ojos. Son momentos imborrables de las retinas de los que una madre no puede ser privada por una mala experiencia en el postparto”.

 

Por lo que respecta al físico, por ejemplo, se podría comenzar dedicando un tiempo a hacer ejercicios o abdominales hipopresivos los cuales ayudan a reducir la cintura y a fortalecer la musculatura abdominal, mejorando la postura y produciendo, a su vez, un bienestar en general.

Para que sean efectivos, tienen que hacerse bien. De ahí, la importancia de un seguimiento profesional. Son muchas las dudas que surgen y que abruman por saber si se actúa o no correctamente al tener una vida que depende completamente de otra persona; y, por tanto, la responsabilidad que siente la madre es aún mayor.

Antes de la llegada del bebé, todo parece que va a ser bonito y maravilloso. Y lo cierto es que lo es, al igual que también lo es ese cúmulo de sentimientos encontrados que hacen tambalear la confianza de salir adelante en la crianza del bebé.

No todas las mujeres sufren depresión postparto, ni a todas les afecta de la misma manera. Muchas veces es el detonante de una serie de factores que hay alrededor y que han “ayudado” a su aparición.

Afortunadamente, es sólo una etapa que puede acortarse en el tiempo, si se recibe la ayuda adecuada, con terapia y orientación profesional ya que muchas veces las personas que rodean a las madres no saben, o no tienen las herramientas adecuadas, para ayudar a facilitar los primeros días de maternidad.

Toda madre se merece disfrutar de los primeros momentos de intimidad con su bebé, que son únicos y placenteros. Es difícil que una madre olvide la mirada inocente de su bebé postrada en sus propios ojos. Son momentos imborrables de las retinas de los que una madre no puede ser privada por una mala experiencia en el postparto.

 

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