sábado, mayo 25, 2019

MERCEDES FERNÁNDEZ/ Las personas adictas a los conflictos son más comunes de lo que parece. De hecho, profesionales del trabajo social, de la abogacía, psicología y psiquiatría argumentan que este es el perfil por antonomasia de las personas que visitan las consultas.

Una de las mejores opciones -según los profesionales- que puedes determinar cuando te encuentras con este tipo de personas es “no entrar en su juego”. A veces es difícil porque entran con tanta agresividad que cuesta controlarse. Pero hay que pensar que el problema no es personal, sino de esa persona llamada “de alto conflicto”.

Les cuesta dominar su energía y sus pensamientos. Su abanico de posibilidades no versa más allá del blanco y el negro, lo que los convierte en personas inflexibles e incapaces de generar empatía.

Tienen una personalidad un poco parecida a la de un narcisista o a las de los psicópatas de cuello blanco en el sentido de que son manipuladorxs debido a la falta de autocontrol; evitan cualquier responsabilidad y culpa. Todo lo contrario: las responsabilidades y culpas recaen siempre sobre los demás. Se frustran cuando algo no sale como tenían previsto y, en vez de buscar soluciones, cargan esa rabia contra los demás, por medio de ofensas y humillaciones.

Dicen los profesionales, sobre todo de la psicología, que los conflictos no son malos. Es cierto que tienen connotaciones negativas y para que haya conflicto, tiene que haber rivalidad. Pero hay ocasiones en las que puedes usarlo de manera positiva para poner en marcha tu maquinaria.




Eso no quiere decir que tengas que aguantar todo lo que las personas “de altos conflictos” quiera descargar contra ti porque, la verdad es que la convivencia con este tipo de personas desgasta, “chupa la energía” y es bastante difícil de llevar. Pero somos seres sociales y tenemos que vivir en grupo. Además que si este tipo de personas están en tu entorno más cercano y cuyos lazos no puedes romper, tienes que buscar la mejor manera de llevar esa convivencia.

Y esa manera, en la medida de lo posible, es intentando no dejarte arrastrar por su tormenta interior. Piensa que la reprimenda no es personal, sino que en realidad la persona está en conflicto permanente con ella misma. Y hoy eres tú y mañana se “ensañará” con el primer individuo que se cruce en su camino.

Porque en el fondo de todo lo que hay es un cúmulo de complejos y heridas escondidas que demandan atención. Y este mismo consejo, puedes aplicarlo cuando tengas cerca personas tóxicas como son las chismosas, quejosas, sabelotodo o autoritarias. Todas ellas también son personas frustradas y demandantes de atención.

 

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