martes, septiembre 25, 2018

MERCEDES FERNÁNDEZ/ El fútbol es uno de los deportes más aclamados por la ciudadanía en general y uno de los más practicados por los menores. Una de sus técnicas es el remate de cabeza, algo que puede ser perjudicial para la masa ósea en el futuro.

 

Realmente, esta es una teoría muy discrepada por los expertos. Por un lado, hay quienes aseguran que esto no supone ningún problema para el cerebro, basándose en los resultados de un estudio elaborado con la colaboración de una veintena de niños.

 

Según este experimento, el cual se realizó inmediatamente después de que acabar el juego de golpear un balón con la cabeza, se determinó que el cerebro se veía afectado por los golpes. Sin embargo, se hicieron los mismos análisis a las mismas personas pasadas 24 horas y los resultados certificaron que todo estaba normal.

 



 

La incredulidad -o al menos la no certeza de que esto sea así- viene porque según algunos profesionales, no existen pruebas feacientes que lo corroboren 100%, además de que el estudio fue elaborado con poco más de 20 personas y no consideran que sean suficientes como para sustentar esta teoría y, por tanto, motivos de peso para cambiar el reglamento de este deporte.

 

Por su parte, el doctor Bennet Omalu, un neurólogo pionero en la investigación de los daños a largo plazo para el cerebro, insiste en que sí hay conmociones cerebrales y determina que este tipo de juegos debería de prohibirse hasta los 14 años.

 

En los años de adolescencia, las sustancias químicas del cerebro están en un estado de cambio y el cerebro es muy sensible de muchas maneras. Se lleva a cabo un proceso masivo de reorganización de conexiones antes de que el cerebro se calme en el estado maduro.

 

Por lo que Omalu se reafirma en que “la prohibición debería subir hasta los 18 años. A esa edad es cuando el cerebro termina de desarrollarse para la mayoría de la gente. A los 14 años aún sería demasiado pronto”.

 

Pese a que las teorías no están del todo claras, debido a que las lesiones que se han podido demostrar son leves, los profesionales coinciden en una cosa: hay que informar de los posibles riesgos ya que uno de ellos es la futura demencia.

 

Por el momento, en EEUU, ya se han tomado medidas respecto al remate de cabeza; no sólo por la técnica en sí, sino por otros daños como el choque de dos cabezas o codazos en la cabeza al intentar golpear el balón dos personas al mismo tiempo.

El experimento

Un típico ejercicio de entrenamiento de fútbol sería hacer muchas repeticiones cabeceando el balón. Entonces, ¿qué le ocurre al cerebro cuando estos impactos en la cabeza se repiten una y otra vez, sobre todo si se hace desde una edad temprana?

 

Para averiguarlo, utilizamos una técnica de investigación sensible de nuestro laboratorio básico de neurociencia para llevar a cabo el estudio. La estimulación magnética transcraneal utiliza una bobina sujeta sobre la cabeza de una persona para generar un breve pulso magnético que estimula una pequeña área del cerebro. Esto, junto con electrodos colocados sobre el músculo, se puede utilizar para medir las señales neurales del cerebro al músculo.

 

A partir de esto podemos calcular el nivel de “sustancias químicas inhibidoras” en el cerebro. Estas pueden interrumpir o bloquear cierta actividad cerebral y potencialmente hacer que los músculos sean más difíciles de controlar, por ejemplo. En particular, nos fijamos en la señal química cerebral llamada GABA, que es el inhibidor más potente del sistema motor del cerebro. Si hay más inhibición en el cerebro significa que la química cerebral normal ha cambiado después de golpear el balón con la cabeza.

 

Le pedimos a un grupo de jugadores de fútbol que golpearan una pelota con la cabeza 20 veces, lanzada desde una máquina lanza-bolas para simular el ritmo y la potencia de un saque de córner.

 

Antes y después de las sesiones de cabezazos, medimos la inhibición cerebral medida de los jugadores utilizando la estimulación magnética transcraneal, y funciones cognitivas de los jugadores como la memoria. Hicimos un seguimiento de estos mismos niveles de nuevo al día siguiente, el día después de ese, y dos semanas después de la sesión de cabezazos en el laboratorio.



 

Hallamos que los cabezazos de fútbol dieron lugar a cambios inmediatos y medibles en la función cerebral. Se detectó un aumento de la inhibición en el cerebro después de solo una única sesión de cabezazos. El rendimiento en las pruebas de memoria también se redujo entre un 41 y un 67%.

 

La buena noticia es que estos cambios en la función cerebral fueron transitorios, con una normalización de los efectos a las 24 horas. La mala noticia es que no sabemos si existe un efecto acumulativo cuando esta interrupción bioquímica se repite una y otra vez con los ejercicios de práctica semanal, o cuáles son las consecuencias a largo plazo de los cabezazos para la salud del cerebro. Es por ello que se necesita más investigación.

 

Texto extraído de la revista Scientific American
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