martes, octubre 23, 2018

MERCEDES FERNÁNDEZ/ Dismorfia Snapchat. Así se llama la obsesión, principalmente del colectivo adolescente, por querer parecerse a las fotos retocadas.

La dismorfia snapchat -definida por los profesionales de la psicología comoun trastorno dismórfico corporal, con un claro componente obsesivo compulsivo afecta ya a un 2% de la población.

De hecho, la obsesión es de tal magnitud que las personas llegan a operarse para parecerse a su “yo móvil”. Esta problemática aumentó en el 2017 un 13% en EEUU respecto al año anterior y se está extendiendo en nuestro país.

Según los profesionales, no es una cuestión de exterior sino más bien de interior. Las personas buscan parecerse a los filtros de las aplicaciones sociales. Se trata de personas con “dificultades emocionales, baja autoestima, falta de empatía o problemas de asertividad” que reclaman la aceptación de los demás a través de la popularidad de sus fotografías.



Esta percepción de la realidad es verdaderamente un problema de la sociedad que “va en aumento”, según la directora del Centro Étnico para la Piel de la Universidad de Medicina de Boston, Neelam Vashi.

Esta profesional también asegura que “los selfies con filtros pueden hacer que las personas pierdan el contacto con la realidad creando la expectativa de que debemos estar perfectamente arreglados todo el tiempo”. Ya no vale usar cremas, maquillajes, tintes o, incluso, pasar por el quirófano para hacer algunos “retoquillos” y mejorar el aspecto físico y la imagen.

Estos retoques tienen un nivel de exigencia más alto, si se quiere cumplir con las expectativas de lo que está en la mente de la persona que quiere cambiar su aspecto. Y esto es, en muchos casos, algo muy difícil de conseguir para los profesionales.

Es muy importante tomar conciencia de la magnitud de este problema que si no se controla, puede tener consecuencias fatales. De hecho, los profesionales de la salud mental están bastante preocupados porque la dismorfia snapchat se presenta ya como una “enfermedad formal”.

Por ello, requieren la intervención de padres, tutores, educadores… Personas responsables de los menores que se encuentran en una edad muy vulnerable en el que lo más importante es “¿qué pensarán de mi?” y ser aceptados en un mundo virtual en el que pasan un mínimo de tres horas diarias.

 

 

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