domingo, noviembre 18, 2018

MERCEDES FERNÁNDEZ/ La alimentación adecuada es muy importante para un posterior desarrollo saludable del cerebro. Si el cuerpo absorbe bien todos los nutrientes (antioxidantes, grasas buenas e hidratación) que necesita, favorecerá también la salud del cerebro.

No es una simple teoría. Es una conclusión fruto de la elaboración de estudios, los cuales, han determinado que existe una estrecha relación entre la obesidad y los trastornos cognitivos (pérdida de memoria, mala capacidad de respuesta y de interrelacionar datos, menor concentración…)

 

“Si no se bebe la suficiente cantidad de líquidos, aparecerán picos de hambre. Se empieza a notar cansancio, llevando a pensar que se pasará comiendo”

 

La hidratación es tan importante como la buena alimentación. La mayor parte del cerebro contiene líquido; si no se ingieren las cantidades adecuadas, aparecen síntomas de irritabilidad, dolor de cabeza, lentitud o dificultades para recordar cosas.

Además, muchas veces el cerebro confunde la falta de líquidos con la de alimentos ya que los centros de hambre y de sed se encuentran en la misma zona del cerebro.

 



 

Así que si no se bebe la suficiente cantidad de líquidos, fundamentalmente agua, -aunque también es muy beneficioso el té verde-, aparecerán picos de hambre. Se empieza a notar cansancio, llevando a pensar que se pasará comiendo.

Por lo general, se tiende a buscar “alimentos de confort” que hacen sentir bien pero que poco tienen de saludables. Es más, suelen ser comidas que proporcionan más estrés. Además de una profunda resaca al día siguiente.

La resaca de comida también existe y los síntomas son parecidos a los de la resaca por alcohol. Esto pasa porque las comidas altas en azúcares, liberan glucosa muy rápidamente en el torrente sanguíneo, lo que hace que el páncreas deba generar insulina a gran velocidad.

Tanto, que no puede calcular cuánta insulina debe liberar, terminando, de este modo, con las reservas de azúcar en sangre. Por eso al día siguiente, se tiene dolor de cabeza, llegando a sentir mareos y naúseas.

 



 

Para evitar llegar a esta situación, existe un truco para diferenciar la sensación de sed de la de hambre. Cuando se empiece a notar el cansancio, hay que acordarse de beber líquidos y esperar diez minutos. Si el hambre desaparece, es que el cuerpo perdía líquidos y no comida.

Normalmente, si no han transcurrido más de cuatro horas desde la última comida y se empieza a notar cierta ansiedad, lo más probable es que se tenga sed.

Imagen: Freepik
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