domingo, agosto 19, 2018

M.F./ Cada año, la ciudadanía entra en el nuevo año con una serie de propósitos encaminados, generalmente, a realizar cambios positivos para sus vidas. Pero un 20 por ciento abandona en la primera semana del año; y el otro 80, lo hace a lo largo del año.

 

El director del programa de investigación de Neurociencia cognitiva y tecnologías de la información de la Universitat Oberta de Catalunya, Diego Redolar, explica que “el problema de estos propósitos es que casi siempre están mal formulados y nacen de los ‘deberías’, que son como mandatos sociales y no vienen de una reflexión interna de cada uno y corresponden, en muchos casos, a aquello que la sociedad nos dice que debemos ser y por eso, los hacemos nuestros. Como nacen de fuera, no nacen de un proceso de reflexión interna”. Y añade que “las motivaciones que vienen de fuera, caducan fácil y rápidamente”.

 

El incumplimiento de las promesas del nuevo año es una coincidencia general y mundial en la que se trata de cambiar la rutina de “malos hábitos” por la rutina de los buenos. Además, estas promesas, generalmente, están formuladas en un momento en el que la parte emocional del cerebro está más floreciente que la racional, por lo que “descontextualiza” el valor real de la propuesta. Y muchas veces, se crea el mito de que “la culpa la tiene la falta de voluntad“.

 

Por tanto, los expertos aconsejan a la ciudadanía que se establezcan metas más realistas. Observar cómo se hacen a sí mismos estos planteamientos y cumplirlos uno a uno, durante todo el año. En definitiva, nadie empieza el cambio el mismo día 1 de enero; más que nada, porque las fiestas acaban una vez que ha pasado el día de Reyes.

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